YAMA


#Shiki Masaoka

Shiki Masaoka (~ 1867 1902)

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Shiki Masaoka apareció en el mundo del haiku como el crítico a Basho Matsuo.

Shiki criticó los haikus del famoso Basho en su obra “Basho Zatsudan” (las misceláneas sobre Basho).

Nunca negó todos los trabajos de Basho, sino que reprobó sus hokkus por la carencia de pureza poética y por tener elementos prosaicos y explicativos.

Por otra parte, admiraba a Buson Yosa y que no había sido lo suficientemente reconocido todavía. Pensaba que los haikus de Buson eran técnicamente refinados y transmitían eficientemente impresiones claras a los lectores.

Después del descubrimiento de la filosofía occidental, Shiki se convenció de que las descripciones lacónicas de las cosas eran eficaces para la expresión literaria  ilustrada.

Insistió en la importancia del “shasei” (bosquejando). Esta idea condujo su haikus a la descripción visual y al estilo sucinto.

La innovación del haiku de Shiki creó una gran sensación en el conjunto de Japón y restableció un lenguaje brillante en el mundo del haiku.

Shiki negó el valor del haikai-renga y utilizó siempre la palabra “haiku” en vez de” haikai ” o de “hokku”.

Hoy, el haikai-renga se llama “renku”, pero pocos especialistas están interesados en esta forma poética.

Escrito por
Ryu Yotsuya

Shiki Masaoka

Viento de otoño;
no hay para mí dioses,
no hay budas.

Al pedregal
van cayendo pachuchas
las camomilas.

La mosca de caballo
no se va de la sombrilla;
¡cuánto calor!

La escuela de la alondra
y la de la rana
discuten sobre el canto.

El buque holandés
de enorme vela;
monte de nubes.

Campo de escarcha.
A la loca del pueblo
le ladra un perro.

Reseco el río,
cruza el puente la gente
y siente frío.

Pisa las nubes,
bebe la niebla
la alondra remontándose.

En todo el monte
yerbas nuevas reflejan
el sol naciente.

El cielo claro,
y la tierra esponjosa:
primera arada.

Con sus patitas mojadas
brinca el gorrión
por el corredorcillo.

Entre un grupo
de sólo hombres
¡qué calor el de la mujer!

Caen frutos de almezos.
Ya los niños vecinos
no me visitan.

Lluvia de estío,
¡cómo azota la cabeza
de la carpa!

El caracol
levanta su cabeza:
se me parece.

Robar melones
lo olvidé por completo
con el frescor.

¿Venís a picotearme los ojos
aún vivo,
revuelo de moscas?

Una nube blanca
cuchichea a su paso
sobre los bananos.

¡Cómo el hombre!
En noches de luna llena
el espantapájaros es miserable

Un cardumen de truchas
Paso ante mis ojos
El color del agua

Cada año nuevo
Cielo y tierra en armonía
El primer día.

Las noches son breves
¿Cuántos días más
aún por vivir?

Crepúsculo matinal.
El hocico de la rana
exhala la luna.

Cuando se derrite la nieve.
¡Sueltan los caballos
en el pueblito!

¡Qué soledad!
Después de los juegos artificiales
una estrella fugaz.

Un gran viento
y repentinamente el estandarte
se levanta.

Cuando miré hacia atrás
El hombre que me cruzó
Se había perdido en la neblina

Ola de calor
Las flores del ciruelo se dispersan
por el pedregal.

El Gran Buda soñoliento
Adormecido
Por este día primaveral.

Ellos contemplan
el océano en junio.
Los Budas al fondo del templo.

Atardecer primaveral.
¿Qué lee
el hombre que no tiene mujer?

El Gran Buda
y su frescura
implacable.

La nieve se derritió
En la espalda
Del Gran Buda.

Dulzor de brisa.
En el verde de mil colinas
un templo aislado.

Un canasto de flores abandonado
y nadie
en las montañas en primavera

Las ondas del chapoteo
derriten poco a poco
el hielo del estanque.

Toda la jornada
Sembré en el mismo lugar
Trabajando la tierra.

Sitio ilustre.
Desyerba la tierra
y lo ignora el campesino.

A lo largo la mano corre
por la barandilla del mirador.
Los montes en primavera.

Durmiendo sobre la piedra
Mariposa
¿Sueñas tú de mí el infortunio?

Soñando cada año
En los crisantemos
Sueño por ellos.

La campana del templo
para de sonar y brilla.
Ah la luciérnaga.

Como compañero
Solicito a la mariposa
Partir de viaje.

El aguacero de verano
tamborea
en la cabeza de las carpas.

Un pueblo de pescadores
Bailando bajo la luna
El olor a pescado fresco.

Primavera en el hogar.
No hay nada
y sin embargo hay de todo.

El río en el verano
y un puente.
Pero el caballo pasa por el agua.

Jornada corta.
En sus canastas los cormoranes
cansados duermen.

El puente cedió.
¡Atrás y solitario
el sauce llorón!

A gran velocidad
Se lleva el verano
El río Mogami

A lo largo del río
No encontré ningún puente
Ese día sin fin.

El puente colgante
En lo alto y en todas direcciones
Balancea la lluvia fresca.

¡Peral en flor!
La casa en ruina
Única huella de la batalla

Con mucho esfuerzo
Pude colgar
La lámpara entre tantas flores

Salgo del Templo Zen
Entro
A una noche estrellada.

Diez años de trabajo
para pagar mis estudios.
¡El techo gastado!

En esta agua pura
los ricos se refrescan
y también los osos

Pánico.
La escalera se derrumba
sobre los amores de los gatos

Pinos en cada isla.
¡Y cómo refresca
el ruido del viento!

¡Qué frescor!
La vela que se apaga
y el ruido del agua

Una extremidad
Apoyado sobre la montaña
El Río Celeste.

Un niño de diez años
Acaba de heredar un Templo
Frío amargo

Aguas termales.
La Vía láctea
en los cuerpos desnudos.

Pasada la media noche
La Vía Láctea
Descansa en un bambú

En los cultivos de las alturas
los espantapájaros
se peinan de nubes

La noche infinita.
¡Pienso
en cómo será en 10.000 años!

El que detesta esta vida
Debe amar
La flor del cardo.

En este mundo efímero.
También los espantapájaros
tiene ojos y nariz

Medita el mono
a lo largo de la noche
¿Cómo atrapar la luna?

Bajo el mosquitero
Ella duerme
Rodeada de luciérnagas

Hago una ofrenda a Dios
y de regreso.
La brama del ciervo.

Débiles
Esta noche de nieve
Las luces del palacio

El frescor
En medio del cultivo de arroz verde
Del único pino

El mono es el hombre y la lección luminosa
de la luna…
¿Buda?.

Al chirrido de los insectos
Sale la luna
El jardín oscurece

De espalda al Buda.
Oh cómo como refresca
el claro de luna

Cerezos en flor
y recuerdos de seres queridos.
Todos tan lejos de aquí.

Donde miremos
hay frescor de luces
de dioses y de Budas.

Al encender la luz
Las sombras de las muñecas
Una para cada una

En el Gran Buda
la ausencia de entrañas.
Ah que frescor.

Nuestro canario se escapó
Un día de primavera
Llega a su fin

Marejada de nubes bajas
Amontonadas
Sobre la lejana línea del mar

La playa.
¿Porqué hacer una fogata
con esta luna de verano?

Una alondra se vuela
Respiro la niebla
¡Yo camino sobre nubes!

Un azadón abandonado
en el campo vacío.
¡Qué calor!

Para la delgada waka
y para el fino haiku.
Un hombre en verano.

El daimyo.
Queda de su pasar
un terrible frío.

La gran limpieza.
Todos los dioses y Budas
amontonados en la hierba.

Soledad en invierno.
Quisiera hacer una pregunta
al Buda

Fría mañana.
Alegremente
el acólito entona el sutra

La barca y la orilla
Dialogan
a lo largo del día

El río en invierno.
El agua no es suficiente
para cuatro o cinco patos.

¡Recuerden!
Fui un gran comedor de caquis
amando haikus.

El ave canta
Cae al suelo
Una baya roja.

Tres mil haikus
a revisar.
Dos caquis

No puedo comer
Los caquis que me gustan.
Ah la enfermedad

Las manzanas robadas
que comí.
Me produjeron dolor de estómago.

Una baya roja
rodó
por la escarcha del jardín.

Me pican
Los mosquitos en otoño
Decididos a morir

En el dormitorio vecino
su luz también se apaga.
Ah qué la noche es fría

Pobre Templo
reducido a ruinas
¡Pero qué Bashô!

La linterna se apaga
Atravesando el Bashô
El ruido del viento.

Bajando del caballo
En el viento de otoño
Pregunté por el nombre del río.

Ningún insecto
se acerca a la lámpara
Aún más frío.

Apoyada a un árbol desnudo
de raras hojas
una noche estrellada.

Los insectos de verano
caen muertos
sobre mis libros

Torbellino de hojas muertas
vienen de lejos.
El otoño llega a su fin.

Sale la luna entre las hierbas
y sopla el viento
el canto del hototogisu

Ni siquiera un mosquito
después de la inundación
¡Qué soledad!.

En el rincón de un viejo muro
Totalmente inmóvil
Una araña gorda acecha

Gracias a la linterna
contemplar al Gran Buda
y el canto del hototogisu

En la palma de la mano
una luciérnaga.
Ah su frío reflejo

Maté una araña
¡Soledad
de noche fría!

Sólo en un árbol
de la inmensa llanura
las cigarras se agrupan

Cuando para de cantar
Y vuela
Al fin vemos a la cigarra.

Una cigarra canta
Frente a la casa vacía
Al último sol

Al borde de la muerte
Más sonora que antes
Las cigarras en otoño

Bosque en verano.
Del que penetra
ni la más mínima huella

Admirar rosas.
¡El cansancio de mis ojos!
La convalecencia.

En el Templo de Taga
Cerezas en el suelo
No hay nadie.

Mi voz
se hace viento
en la cosecha de champiñones

La blanca peonía
Una noche de clara luna
Perdía sus pétalos

Veinte mil personas
Sin abrigo
La luna de verano.

Pintor de rosas
Las flores no son difíciles
y las hojas peliagudas.

La amapola florece
y por la brisa del día
desparramada.

Lluvia de otoño.
Las hortensias
se deciden por el azul.

Pintar flores
es mi tarea cotidiana.
¡A comienzo del otoño!

¡Las flores silvestres del verano!
En Saga las bellas mujeres
de muchas tumbas.

Que distinto el otoño
para mí que voy
para ti que quedas.

Sobre las hojas verdes
que cubren la montaña
el sol pasea.

Llega el otoño
paso los días pintando
flores y yerbas.

Camino caluroso
sobre esa piedra
descansan todos.

Confusas
entre los pétalos
alas de pájaros.

Nos separamos
y ahora me quedo solo
a la sombra del árbol.

Corté una rama
y clareó mejor
por la ventana.

Agotó el camino del verano
y se interna en la montaña
tirando del carro.

Para ver sin trabas
la nieve en Ueno.
Abre las puertas.

Ninguna nube
en el monte Tsukuba.
Rubias libélulas.

Para oídos impuros,
por sermones,
el cuco.

Sin viaje
Y sin primavera
Me perdería este amanecer.

Las caídas tibias de la lluvia
en la espina pelada.

Deshelado hacia fuera acumular.
Un camarón se mueve
entre viejas algas.

El cañón rueda su estruendo.
Brotes de la hoja de un árbol.

¡Cómo está fresco es!
Un cangrejo pequeño, en la lluvia,
Subidas en un pino.

Hojas del loto en la charca
Paseo en el agua.
Lluvia en junio.

Giros del humo
Después del paso de un tren.
Follaje joven.

La tormenta
Durante el medio día
ha roto el vástago de la malva.

No podemos ver incluso la luna.
Y ondas grandes de la subida.

Sobre un hueco de la roca
Una hiedra cuelga.
Un templo pequeño.

El luffa florecido.
Soy un alma
Estrangulado con flema.


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