YAMA


#Buson Yosa

Buson Yosa (~ 1716 1783)

buson.gif

En el siglo XVIII, el haikai-renga perdió popularidad y los haijines pusieron sus esfuerzos en la creación de hokkus.

Buson, pintor excelente y poeta, tuvo éxito con la evocación de imágenes claras en su hokkus, pinturas llenas de luz.

Los hokkus de Buson, a diferencia de Basho, no presentan filosofía, ni demuestran gestos enfáticos. Sus expresiones son a la vez que refinadas, sencillas y no tiene igual en su técnica. Tenía genio y podía dar la sensación de eternidad más allá del paisaje, describiendo solamente una escena pacífica.

Sus poemas son descriptivos, pero se idealiza su paisaje más bien realista. Esto significa que deseaba describir la esencia de cosas, no sus superficies.

Los hokkus de Buson, que utilizó una gran belleza lingüística funcional, ha encantado a muchos de los poetas japoneses y tiene una gran influencia en el haiku moderno.

Sin embargo, dependen profundamente de la función del japonés y es difícil traducirlo a idiomas extranjeros.

  

Escrito por
Ryu Yotsuya

 Buson Yosa

Blanco rocío
Cada púa en la zarza
tiene una gota.

Hostigado por un perro ladrador
Bajo los melocotoneros en flor
El Buhonero.

Yendo a mirarlas,
Las flores del cerezo en la noche
Se han convertido en fruto

La primavera se aleja
Duda
En las tardías flores del cerezo.

Sopla el poniente,
y al oriente se apilan
las hojas secas.

Habiendo pasado Bashoo,
todavía el año
no ha atardecido tras él.

Sobre la campana del templo
posada, dormida
una mariposa.

Cada mañana
¿dónde va pensativa
la primavera?

Al oscurecerse el monte,
arrebata el granate
a las hojas del arce.

Los días lentos
se apilan, evocando
un viejo antaño.

Flores rojas de ciruelo;
el sol poniente ataca
pinos y robles.

Canto lejano de ruiseñor.
El día de hoy también
llega a su ocaso.

Te marchas tú;
verdes son los sauces,
largo el camino.

Desoladamente
se oculta el sol en las rocas
del campo yermo.

Lluvia de primavera;
¡pobre de aquel
que nada escribe!

Un aguacero.
Se agarran a las hierbas
los gorriones.

Sólo el monte Fuji
dejasteis por cubrir,
jóvenes hierbas.

Sin alojamiento.
La hilera de casas
brilla en la nieve.

La corta noche;
sobre la peluda oruga,
perlas de rocío.

El riachuelo
va al este, va al oeste
entre retoños.

Acá y allá
escuchan la cascada
jóvenes hierbas.

Cae la luna,
rápida es la marea:
alba de estío.

Viento del atardecer.
Se ondula el agua
alrededor de la garza.

El capataz
se informa del espantapájaros
y regresa.

Línea de gansos en vuelo;
al pie de la colina,
la luna puesta por sello.

El manto de luna.
Una rana
perturba el agua y el cielo.

El halo de la luna.
¿No es el perfume de la flor del ciruelo
que subió hasta allá?

En cada pétalo que cae
Las ramas del ciruelo
Envejecen.

Murió el ciruelo y sus flores
¡El sauce
en su soledad!

Sobre el excremento del caballo
Las flores que cayeron del ciruelo rojo
Parecen besarse.

La puesta del sol en primavera
camina sobre la cola
del faisán dorado.

Me lavo los pies
El agua sale de la cubeta
¡Cómo la primavera!

El mar en primavera
Se levanta y cae
A lo largo del día.

Noche de primavera.
De vela en vela
transita la llama.

No hay puente.
El sol se acuesta
en aguas primaverales.

Van juntos platicando
Un paraguas y un viejo abrigo
En la lluvia de primavera.

Al trabajo en el campo
La nube que nunca se movía
También fue.

Al claro de luna
El ciruelo blanco parece
Un árbol en invierno.

Al trabajo de la tierra.
El hombre que preguntó por el camino
Desapareció.

Al trabajo de la tierra
Desde las alturas del templo
Viene el canto del gallo.

La tranquilidad del día.
El faisán
se posa en el puente.

La pradera esta nublada
Y las aguas guardan silencio.
Es el atardecer.

Nada más por hoy
Debemos entrar a la primavera
Nada más.

Sobre el mar
El atardecer
En la red de la neblina.

El barco coreano
Continua su ruta
Sin detenerse por la neblina.

Esta mañana
El sol salió
de la cabeza de una sardina.

Parece indefensa
Cuando nada
La rana.

Un volantín
En el mismo lugar
En el mismo cielo.

Iba yo a los cerezos en flor
Dormía bajo ellos
Así era mi pasatiempo.

Caen las flores del cerezo
y entre las ramas
aparece un templo.

Las ocas emigran.
Delante de la casa
el campo de arroz parece volar.

Barriendo hojas dispersas
En el cortejo fúnebre
Se va la primavera.

En las tardías flores del cerezo
Duda
La primavera que termina

La mariposa confiada
duerme
en la campana del templo

Esta mañana vemos la brisa
soplar los bellos
en la oruga.

En noches breves
la aterciopelada oruga
detiene las perlas del rocío.

Desde el fondo
de las noches breves
surge el río Ôi

En noches breves.
La baba de los cangrejos
espuma entre las cañas

El sonido de la campana
Cuando sale de ella
Frescura en verano.

En la niebla del verano.
El vuelo blanco de un insecto
de nombre desconocido

El bosque en verano
Ninguna hoja se mueve
Así asusta

Con las lluvias del verano.
El agua estancada y el río
se juntan

La borrasca.
Los papeles en blanco del escritorio
volaron todos

Noche corta.
En las afuera de un villorrio
un comercio esta abierto.

Aguacero de verano.
Los gorriones de la aldea
se agarran de las hierbas

¡Un relámpago por la mañana¡
El ruido del rocío
corre entre los bambúes

Bajo la lluvia de verano
El sendero
Desapareció.

En silencio
Antes de la llegada de los anfitriones
Las peonías

Esta noche oscura
La cubierta del calendario
llega a su fin.

Un hachazo en el bosque
En invierno
Y el olor me llega.

Aún más conmovedoras
A la luz de linternas
Las oraciones en noches frías

En la nieve
Las luces de la hilera de casas
Que me cerraron la puerta

Con un palo
Golpeo el pincel congelado
Por la noche.

El viejo calendario
me llena de obsequios.
¡Cómo un Sutra!

Puse el calentador
en mi pecho.
Pero mi corazón estaba lejos.

Un fuego moribundo.
Pero súbitamente la cacerola
se pone a hervir.

Por el río en invierno
Flotan a la deriva
Las ofrendas florales del Buda.

Ruido de serrucho
Esta media noche de invierno
Ruido de pobreza

El abad
y cómo deposita su abono
en el llano sin cultivar.

Encuentro de un monje
sobre el puente.
La lluvia de invierno.

Un ratón raspa
un plato
¡Ruido frió!

En noches frías
mis huesos sienten las mantas
y golpean la colcha.

Paro la borrasca.
Un ratón
atraviesa la corriente.

¡Fría es la noche!
A la cubeta de agua
cae una rata.

Cuando sopla el viento norte.
Las hojas muertas se fraternizan
al sur.

La lluvia en invierno
Muestra lo que los ojos ven
Como si fuera cosa antigua

Sopladas por el viento del oeste.
Las hojas muertas se agrupan
al este.

La montaña oscurece
y asume la púrpura magnificencia
de las hojas en otoño

La luna pasa al oeste.
La sombra de las flores
se estira al este

Ante el crisantemo blanco
Las tijeras
Dudan un instante

Cultivador de crisantemos.
De ellos
eres un esclavo.

Las noches de los hombres de antes
Fueron iguales a las mías
Esta noche de lluvia fría.

En las orejas de mi avanzada edad
Las lluvias del verano
Desaguan por las canaletas.

Ese vivo frío bajo mi pie
En la alcoba
La peineta de mi esposa muerta.

En las hierbas nueva
El sauce
Olvida sus raíces.

Es un placer
Atravesar el río en verano
Con las sandalias en la mano.

Caminando el extenso páramo
Las nubes altas
Pesan sobre mí.

El sol centellea
Sobre las piedras
Del páramo reseco.

La más lejana luna.
Atravieso
un barrio pobre.

Está pasmada
de pobreza
esta mañana de otoño.

Es otoño en los senderos.
Alguien viene por el páramo
Detrás de mí.

Bajando los campos sembrados
Saturándolos
El agua en otoño.

Bajo la lluvia otoñal
Caminar por plantaciones
Sumergidas.

Al agua arrasa
y es como de noche
en cada terreno cultivado.

Qué hermoso
después de la tormenta otoñal
el pimiento rojo.

Atardecer otoñal.
La soledad también
es bienestar.

Para el que parte
Para el que se queda
Dos otoños.

Durante la siega de otoño
Muy triste
El rostro de la loca.

Pasando el portal
Soy el hombre que camina
Por el atardecer del otoño.

Tan profunda
Esa prostituta
Color abismo.

La tos ronca
del abad.
El canto del hototogisu.

Bajo la brisa del atardecer
El agua chapotea
En las patas de la garza.

¡Canta el hototogisu
que no tiene padres
ni hijos!

El dedo herido
Del albañil
Al rojo vivo de la azalea.

La orquídea de noche
Esconde
En su perfume el blanco de su flor.

Pasan y no entran
Las hojas del otoño
Al templo de Fujisawa.

Muy helado el soplo
de la campana.
¡Cuándo sale de la campana!

En la profundidad del bosque
el pájaro carpintero
y el golpe del hacha.

Ella cae
La flor de la camelia
A lo más negro del viejo pozo.

Un ave grita
El ruido del agua oscurece
Alrededor de la trampa.

Juntamos los huesos
del muerto.
Las violetas se compadecen.

El criado
Abandona un cachorro
Bajo la luna llena.

Ella se abre
y despide un arco iris
la peonía.

La pesada carreta retumba
Cuando pasa
La peonía se estremece.

Un caracol
Un cuerno corto y el otro largo.
¿Cuál es el problema?

En cien lugares a la redonda
Las peonías crecen
Y las nubes de lluvia.

El viento de otoño
sacude al espantapájaros
y pasa.

Recogiendo champiñones.
Levanto la cabeza
y la luna ya está en la cúspide.

En el viejo pozo
un pez traga un mosquito.
El agua hace un ruido negro.

Piensa en decapitar
los lotos blancos.
El honorable bonzo.

El faisán dorado sobre la rama
Descansa
De una pata a la otra larga es la noche.

Después de cortar la peonía
Me sentí disminuido
Esa noche.

Cae la luna
sobre cuatro o cinco personas
bailando.

Tres veces se levanta
y es todo
grito del venado.

Sobre la imagen santa
Se permite un excremento
La golondrina.

Después de la cosecha de arroz
El espantapájaros
No es el mismo.

El ruiseñor canta,
Su pequeña boca
Abierta.

Con un farol pasea en el jardín,
sufre al ver morir
la primavera.

El soplo de un hacha,
El olor del pino,
Los bosques invernales.

Ellos acaban su vuelo
Uno por uno
Los cuervos al crepúsculo.

Pequeños los hombres que van,
por el sendero del valle.
Las hojas nuevas.

Un criado
abandona un cachorro
A la luna llena.

No daria ni para un sorbo,
agua limpia y clara, y sin embargo
¡Que cosa tan sagrada!

No hay hoja que se mueva.
Temor reverencial,
en la arboleda de verano.

Al fin decide cortar,
un loto blanco.
El monje.

Cuando nada,
la rana.
Completa entrega.

En el transcurrir del agua,
de una tierra en primavera,
donde no hay montañas.

Tras cortar la peonía.
¡Agotado!
Aquella noche.

Mi jardinero
Convertido en sirviente
De crisantemos.
 

Oscureciéndose,
el monte le arrebata
su rojo al arce

Viento del atardecer.
Se ondula el agua
alrededor de la garza.

Sólo el monte Fuji
dejasteis por cubrir,
jóvenes hojas

Los reflejos del aire.
Vuelo blanquecino
de un insecto desconocido.

Arar el campo.
Una nube inmóvil ha desaparecido.

Una cometa flota
en el lugar del cielo
donde flotó ayer.

Noche corta de verano.
Una gota de roció
en el trasero de una oruga melenuda.

Un mosquito zumba
Cada vez que caen las flores de la madreselva.

Cuatro o cinco hombres bailan en un círculo.
Sobre ellos
la luna está a punto de caer.

La luna brilla en el cenit.
pasan cuartos pobres.

Estando despierto
Dice que él está ya dormido.
Noche fría del otoño.

Patos.
Una linterna sale del castillo.

Anuncios

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: