YAMA


• Espectativa

Todos los medios anuncian el eclipse del siglo, el que no hay que perderse. Junto a dos amigos subí a Monjardín, atalaya del prometido espectáculo de luna y sangre. Comenzamos con una animada charla sobre las promesas, sabedores de que hay también un antes, el de las leyendas. Trepamos un camino de ensueño, con el paso indiferente que trasciende al poeta, buscando el misterio que permite encontrar las palabras apropiadas.

Al alcanzar la cresta, nos sentados en la viejas piedras, y callamos, y tratamos de recuperar el resuello, y nos alcanza la oscuridad, y comienza el todo y la nada, el silencio de la espera, del ansia, de risas inacabadas, de sueños incompletos, de otras gentes a miles de leguas del horizonte conocido.

Pero hay un aquí y ahora.  Es un soplo de tensión máxima, no de disfrute; es un momento de incertidumbre, de agonía por no saber las respuestas justas. Es el instante en el que una claridad comienza a vislumbrarse, la esperada, la deseada, la prometida. La imaginación se hace presencia durante una intensa fugacidad, es un visto y no visto, porque rápidamente las nubes cumplen con su perversa bofetada de volvernos a la oscura fantasía.

La caminata de regreso tiene el mutismo que deja el sabor a poco.

el horizonte

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