YAMA


• Barrio de Alfama

28

Siempre quise visitar Lisboa y por fin lo he conseguido. En las laderas del Castelo de São Jorge ha crecido a su antojo desde hace siglos este viejo barrio de pescadores, que debe su nombre a su origen árabe (Al-Hamma). En la Plaza de Martim Moniz me subo al famoso tranvía 28, que se precipita por sus calles empinadas, donde, como pinturas abstractas se suceden fachadas desconchadas. Bajo frente al Panteón Nacional, que reconozco enseguida por su enorme cúpula. Esta visita requiere perderse entre sus laberínticos rincones, sin prisas, impregnándome de ese sabor popular tan suyo, descendiendo entre sus plazoletas y escalinatas, en dirección al río. Hago una parada de descanso en el quiosco del Jardim Botto Machado, un parque situado justo sobre el mercadillo de la Feira da Ladra, pequeño y muy bonito. De aquí,  al Castelo de São Jorge, donde los pavos reales campan a sus anchas por sus jardines.

Hay otro aliciente en esta visita a Lisboa. Hace treinta años tuve, durante unos meses a una portuguesa por pareja, durante unos años perdí trato con ella pero un día retomamos contacto de forma telefónica y muy esporádicamente hablamos y siempre termina diciéndome que ahora reside en Lisboa y si algún día me acerco podremos vernos. Hoy no sé qué pensar del misterio que encierra esta frase. Hemos quedado en encontrarnos esta noche.

Por fin llega el instante y aquí estoy en uno de los más conocidos restaurantes lisboetas con la cena, la música y ella.

Puedo asegurar que las aguas del Río Tajo que en estos momentos están llegando a reunirse con el mar no son las mismas que las de ayer y confirmar que treinta años son muchos.

De madrugada

rocío en el balcón.

Al son de un fado.

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