YAMA


• Estética clásica japonesa.
  • mono no aware: Mono (cosa) aware (profundo sentimiento de empatía con la belleza perecedera de las cosas).

¡Si!, estoy leyendo una breve guía de estética japonesa. Disfruto de la lectura en mi escritorio sentado junto al ventanal desde donde también puedo cotillear la calle de vez en cuando. Hace poco tiempo que me aficioné al intento de escribir haiku y todo lo que atañe a la cultura del sol naciente me atrae.

  • Yugen: Yu (oscuridad) Gen (impenetrabilidad).  “misterio insondable” “belleza misteriosa”.

En este instante algo me hace girar la cabeza en dirección a la calle. Allí se repite, cada tanto, desde hace unos meses, una escena que yo he dado en llamar; la ceremonia de la recepción. Enfrente entre dos edificios de cuatro plantas hay una especie de casa-chalet a cuya puerta sale una señora de pelo entrecano y anchas caderas. Y como si montara guardia, espera un taxi, que siempre trae a alguien…

  • Sabi: belleza y desolación en la soledad.

Fue hace unos diez años, cuando después de mi divorcio, me vine a vivir solo, con diez mil cosas a mí alrededor, a este pequeño piso. Desde entonces, he admirado esa casa deshabitada de enfrente, con verjas de hierro forjado sobre un bajo muro de ladrillos rojos, un minúsculo jardín delante, un porche con tres escalones, una amplia planta superior, unos estrechos pasillos en sus laterales atestados de matorrales, la que yo llamo la ruta de los gatos, que dan a un patio trasero.

en el patio sombrío / la vieja higuera / refugio de pájaros

Separada del resto de los edificios que la rodean, es una excelente isla-refugio, antiguo vestigio de cuando el barrio tenía incluso huertas y era las afueras de la ciudad.

  • Wabi – Sabi: Austera. Irregularidad. Imperfección. Ese pequeño detalle. Humildad. Renuncia. Abandono. Reposada melancolía.

Desde que la conozco, la casa ha estado abandonada, hasta hace menos de un año, que apareció por allí una cuadrilla de albañiles y empezaron a restáurala; tardaron casi seis meses en darle un decoroso resplandor. Seguramente alguien la ha comprado para especular, pensé… o tal vez instalaran allí una clínica dental, una guardería infantil o algún negocio parecido.

Una tarde al llegar del trabajo, me detuve al ver dos camiones de mudanzas que estaban descargando una importante cantidad de muebles usados, sencillos pero en buen estado. Me llamó la atención la cantidad de camas y colchones que entraban en la casa-chalet. Mesillas de noche, mesitas bajas, un par de neveras y tres lavadoras. ¿Será que tienen intención de instalar un hostal o algo parecido? Me extraño porque este no es un barrio para eso. ¿Quizás fuese una familia numerosa?

  • Karumi: “ligero” “no pesado” La belleza simple, sencilla, natural y ligera de las cosas.

En los últimos tiempos, todas las tardes, al rescoldo de un tibio solcito de otoño veo como salen de la casa, en didáctica expedición, un grupo de madres con sus pequeños, cargando con cochecitos, muñecas, palas y cubos de plástico y un balón; al parque que está dos calles más abajo.

plaza de otoño / animada charla de madres / pipas y chuches

Podría escribir un haibun, pensé, para lo cual tendría que hacer un viaje; para luego escribirlo. Después de todo no es necesario hacer un viaje al otro lado del mundo, puede ser un simple y corto viaje a un sitio conocido, lo importante no el lo lejos que se vaya, sino la transformación consciente que experimentas cuando lo realizas.

La señora de pelo entrecano y caderas anchas, agota la espera barriendo la acera, algo que muy pocos vecinos hacen hoy en día.

  • Hosomi: Es la completa extinción del yo mediante la absoluta identificación-fusión con algún ser o fenómeno de la naturaleza. Despojarse, adelgazarse tanto hasta que su “yo” llegue a desaparecer de su individualidad para entrar en la vida de aquel ser de la Naturaleza.

Así que…  tomada la decisión… Dejo el libro, me incorporo de la silla, bajo en el ascensor y cruzo la calle. Piso la acera de enfrente en el preciso instante en que la señora de pelo entrecano y anchas caderas recoge el recibo que le extiende el taxista una vez le ha pagado. Al verme, da dos pasos con una velocidad y una agilidad sorprendente para semejante volumen, pasos como de ballet, interponiéndose entre la recién llegada, una  mulata todo ojos que abraza a su niño de pelo ensortijado y yo; la señora, como haría una ballena, usa su cuerpo como escudo, entre su cachalote y un posible depredador.

En el suelo hay bolsas negras, las de la basura, convertidas en rápidos paquetes de urgencia, llenas de ropa, atados sujetos con cinta adhesiva, rescates de último momento para una solución pasajera, pero impostergable.

¡fue sin querer!… / parece que dijo / la primera vez

-¿Qué?

-Mire señora, yo vivo ahí enfrente y siempre la observo… y se me ocurrió que… si podía ayudar de alguna manera…

-Muchísimas gracias, pero no hace falta… tenemos todo lo necesario…

La señora de pelo entrecano y anchas caderas se agacha, recoge las bolsas de ropa que están a nuestros pies; se gira en dirección a la casa-chalet y haciéndole muecas de cariño al niño de pelo ensortijado se dirige a la puerta.

-Bueno… no se… como vivo enfrente… si alguna vez necesita algo…

La señora se detiene, lentamente se gira, y mirándome fijamente.

-Si… que puede hacer algo. Cualquiera sea su relación con cualquier mujer. Pórtese como un hombre. Gracias.

  • Mu: …

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