#Basho Matsuo
Escrito por
Una mujer lavando patatas;
Yo soy un hombre
Este camino
Yendo hacia Kioto
Sobre la rama seca
A la intemperie,
Todo en calma.
La primavera pasa;
Aroma del ciruelo,
Visión en sombras.
Habiendo enfermado en el camino,
El caminante
Hoy el rocío
¡Débiles son mis piernas!,
Se oscurece el mar.
Bajo un mismo techo
Los crisantemos
Luna de agosto.
A una amapola
Olor a crisantemos.
Las montañas y el jardín
Plenilunio de otoño;
Luna de agosto.
Aroma del ciruelo,
¡Qué bello!
Expuesto a la intemperie y resignado,
Fin de año.
¿Es primavera?
Los pétalos de la rosa amarilla
Bajo las flores de un mundo efímero.
Una noche en el templo
Sobre este puente colgante
La gente de ahora
¿De qué árbol en flor?
Los botones del sauce se abren
Una noche de primavera.
Devuelve al sauce
A la primavera que pasa
En las flores silvestres de verano
Ruido de alguien
En néctar de orquídeas
¿Es primavera?
Ante la enredadera en flor
La campana para de sonar.
El sol se levanta
Ramas de lirio
A cada soplo del viento
Este día tan largo.
Ante un florero lleno de azaleas
En medio del llano
En la rama descascarada
En la lluvia de verano
Antes de tragarla
¡Crueldad animal!
Las noches de verano.
Al frescor
En el agua y la lluvia
En la primera nieve.
Suave brisa.
Completamente mojadas
Albergue pobre.
A los que contemplan la luna
De la escarcha
Ah hototogisu
Cuando desaparece
Helando mi vientre
Estoy en Kioto
Antes que corten los juncos
Al ardiente sol
Cuando anochece en el mar
Salpicados de barro
¡Silencio!
Las cigarras van a la muerte
El mismo paisaje
Ese camino
Pegándose a un champiñón
En pleno otoño
La luna llena de otoño.
¿Con qué tono cantarías
Sueño con abrirme un camino
Corazón
Media noche de escarcha.
Un día de tranquila alegría.
El sonido de la campana
Esta puesta del sol otoñal
En el picante gusto del rábano
Más blanco que las piedras
Después del crisantemo
El crisantemo blanco.
Enfermo en el viaje.
La jarra quebrada
Desolación invernal
Dios ausente
Esta mañana nevada
La tempestad sopla
Mis lágrimas
Ahora.
La nieve que vimos caer
Sol de invierno
En este jardín
Doradas saladas
En casa del cantero
Con ser verde
En mi choza
Tres hombres se encuentran
Chilla la grulla
Me arranco las canas
La luna a todo correr
Del extremo de la hierba
El cuco
Jardín de invierno
Las voces de gente
Hierbajos en el campo de arroz
Día de calma gracia,
Torpe ya el ojo
En el dia de año nuevo
Pa ra el hombre que se dice
Cansado y maltrecho
Mariposas que nunca serán
A la luz de la luna
Un cuco llama
Observando los botes de pesca con cormoranes
En la nasa del pulpo
El mar, bravío
La dulce noche primaveral
Sueño a caballo,
Zashiki del verano.
¡Qué suerte!
Un viento del otoño
De todas las direcciones
Incluso un verraco salvaje
Las luces de la aurora.
Trébol de Buda en ondas de la flor
A una amapola
Sobre la rama seca
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Basho Matsuo (~ 1644 – 1694)





Basho Matsuo es conocido como el primer gran poeta en la historia del haikai (y del haiku).
Escribió poemas usando bromas y juegos de palabras en sus primeros tiempos, pero comenzó a dar importancia al papel del pensamiento en haikai (especialmente en hokku) alrededor de 1680.
El pensamiento de Tchouang-tseu, filósofo del 4º siglo a.C., influenció mucho a Basho, y valoraba a menudo los textos “del libro de Tchouang principal” en su hokkus.
El pensador Tchouang-tseu negaba el artificio y el utilitarismo, viendo el valor poético desde el punto de vista del intelecto.
Afirmaba que las cosas aparentemente inútiles tienen el verdadero valor, y que el modo de vida recto es el de no ir contra la naturaleza.
El haikus de Basho es dramático, y exageran el humor o la depresión, el éxtasis y la confusión. Estas expresiones dramáticas tienen una naturaleza paradójica.
El humor y la desesperación que expresó no son instrumentos para creer en la posibilidad del ser humano y para glorificarla.
Si algo tiene la literatura de Basho es su carácter que cuanto más describe los hechos de los hombres, más humana se ve la pequeñez de la existencia expuesta en la revelación y nos hace conscientes de la grandeza de la energía en la naturaleza.
Escrito por
Ryu Yotsuya
Basho Matsuo
Una mujer lavando patatas;
si Saigyoo estuviera
compondría un waka.
Yo soy un hombre
que come su arroz
ante la flor de asagao.
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.
Yendo hacia Kioto
cubrían medio cielo
nubes de nieve.
Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.
A la intemperie,
se va infiltrando el viento
hasta mi alma.
Todo en calma.
Penetra en las rocas
la voz de la cigarra.
La primavera pasa;
lloran las aves
y son lágrimas los ojos de los peces.
Aroma del ciruelo,
de repente el sol sale.
Senda del monte.
Visión en sombras.
Llora una anciana sola,
la luna como amiga.
Habiendo enfermado en el camino,
mis sueños merodean
por páramos yermos.
El caminante
me llamarán a mí.
Primer chubasco.
Hoy el rocío
borrará la divisa
de mi sombrero.
¡Débiles son mis piernas!,
pero está en flor
el monte Yoshino.
Se oscurece el mar.
Las voces de los patos
son vagamente blancas.
Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.
Los crisantemos
se incorporan etéreos
tras el chubasco.
Luna de agosto.
Hasta el portón irrumpe
la marejada.
A una amapola
deja sus alas la mariposa
como recuerdo.
Olor a crisantemos.
Y en Nara, viejas
imágenes de Buda.
Las montañas y el jardín
se van adentrando
hasta mi habitación en verano.
Plenilunio de otoño;
paseo en torno al estanque
toda la noche.
Luna de agosto.
Hasta el portón irrumpe
la marejada.
Aroma del ciruelo,
de repente el sol sale.
Senda del monte.
¡Qué bello!
El despreciado cuervo común
esta mañana nevada
Expuesto a la intemperie y resignado,
¡cómo corta
mi cuerpo el frío!
Fin de año.
¡Siempre el mismo sombrero
y las mismas sandalias de paja!
¿Es primavera?
La colina sin nombre
se perdió en la neblina.
Los pétalos de la rosa amarilla
¿Tiemblan y caen
al ruido de los torrentes de agua?
Bajo las flores de un mundo efímero.
Con mi arroz entero
y mi sake blanco
Una noche en el templo
La luna
En lo más claro de mi rostro
Sobre este puente colgante
nuestras vidas se enroscan
en las ramas de la yedra
La gente de ahora
no se interesa por las flores del castaño
que están en el techo
¿De qué árbol en flor?
No sé
¡Pero qué perfume!
Los botones del sauce se abren
El maestro y yo
Escuchamos la campana
Una noche de primavera.
En la sombra del templo
un misterioso hombre suplicando
Devuelve al sauce
Todo el fastidio
y todo lo que desea tu corazón
A la primavera que pasa
las aves cantan
y son lágrimas los ojos de los peces
En las flores silvestres de verano
Se estremece aún
El sueño de gloria de los guerreros
Ruido de alguien
sonándose con los dedos.
Los ciruelos en su estallido
En néctar de orquídeas
la mariposa
perfuma sus alas
¿Es primavera?
La colina sin nombre
se perdió en la neblina
Ante la enredadera en flor
Comimos nosotros
Que somos simples hombres
La campana para de sonar.
El eco de las flores
perfuma la noche
El sol se levanta
Sobre el sendero a la montaña
Al perfume de los ciruelos
Ramas de lirio
aferradas a mis pies.
¡Cordones para mis sandalias!
A cada soplo del viento
La mariposa
Cambia de lugar en el sauce
Este día tan largo.
Aún muy corto
para el canto de la alondra
Ante un florero lleno de azaleas
Una mujer
Desmenuzando bacalao seco
En medio del llano
Canta la alondra
Libre de todo
En la rama descascarada
Los atardeceres del otoño
Un cuervo se posa
En la lluvia de verano
se acortan
las patas de la garza
Antes de tragarla
El agua de la vertiente
Hizo crujir mis dientes
¡Crueldad animal!
Bajo la pezuña
un saltamontes
Las noches de verano.
El ruido de mis zoclos
hacen vibrar el silencio
Al frescor
me acomodo
y duermo
En el agua y la lluvia
El nenúfar
Y sus dos flores erguidas
En la primera nieve.
Las flores de los narcisos
casi no se doblan
Suave brisa.
La sombra de la glicina
apenas tiembla
Completamente mojadas
Inclinadas
Las peonías bajo la lluvia
Albergue pobre.
Los gemidos del perro
en la lluvia nocturna
A los que contemplan la luna
Las nubes
A veces ofrecen una pausa
De la escarcha
No olvides jamás
El gusto a soledad
Ah hototogisu
¡Agranda aún más
mi soledad!
Cuando desaparece
el hototogisu.
Una Isla
Helando mi vientre
los remos golpean las olas.
Noche de lágrimas.
Estoy en Kioto
Pero al canto del hototogisu
Soñando de Kioto
Antes que corten los juncos
del río
contempla la luna
Al ardiente sol
El río Mogami
Arrastró al mar
Cuando anochece en el mar
el graznido de los patos
se aclara
Salpicados de barro
Por el rocío
Los melones parecen frescos
¡Silencio!
El canto de las cigarras
tala las rocas
Las cigarras van a la muerte
y su canto
nada nos dice
El mismo paisaje
Escucha el canto
Y ve la muerte de la cigarra
Ese camino
Sólo lo toma
El crepúsculo en otoño
Pegándose a un champiñón
La hoja
Del árbol desconocido
En pleno otoño
Mi vecino
¿Cómo vive?
La luna llena de otoño.
Deambulé toda la noche
alrededor de la laguna
¿Con qué tono cantarías
y qué eufórico canto arácnido
en la brisa otoñal?
Sueño con abrirme un camino
que no siempre será fácil
entre los viejos campos.
Corazón
blanqueado por la lluvia.
Carcaza golpeada por el viento
Media noche de escarcha.
Para dormir me cubro
con la manga del espantapájaros
Un día de tranquila alegría.
El Monte Fuji empañado
por la llovizna
El sonido de la campana
Remolinea en la neblina
Al amanecer
Esta puesta del sol otoñal
Pareciera ser
El País de las sombras
En el picante gusto del rábano
Siento
El viento otoñal
Más blanco que las piedras
De la montaña rocosa
El viento de otoño
Después del crisantemo
A parte el largo nabo
Nada
El crisantemo blanco.
La pureza
al encuentro del ojo
Enfermo en el viaje.
Mi sueño corta
El páramo
La jarra quebrada
por el hielo de la noche.
¡Me levanto a saltos!
Desolación invernal
En un mundo de tono uniforme
El ruido del viento
Dios ausente
Las hojas se amontonan
Todo es abandono.
Esta mañana nevada
Incluso el caballo
Es digno de mirar.
La tempestad sopla
El rostro de alguien
empapado
Mis lágrimas
Chisporrotean
Apagando las brazas
Ahora.
Vamos contemplar la nieve
hasta caer de cansancio!
La nieve que vimos caer
¿Es otra
este año?
Sol de invierno
sobre un caballo
la silueta helada.
En este jardín
¡Un siglo
de hojas muertas!
Doradas saladas
sus frías encias
en casa del pescadero.
En casa del cantero
florecen los crisantemos
entre las piedras.
Con ser verde
le bastaría ya
al pimiento.
En mi choza
todo cuanto puedo ofreceros
es que los mosquitos son pequeños.
Tres hombres se encuentran
para celebrar el año nuevo
y se pelean.
Chilla la grulla
con voz que desgarra
el banano.
Me arranco las canas
bajo mi almohada
canta un grillo.
La luna a todo correr
las cimas de los árboles
detienen la lluvia.
Del extremo de la hierba
en cuanto cae
alza el vuelo la luciérnaga.
El cuco
un gran bosque de bambúes
filtra la luna.
Jardín de invierno
la luna como un hilo
una voz de insecto.
Las voces de gente
regresan al camino
atardecer de otoño.
Hierbajos en el campo de arroz
cortados y abandonados
¡Fertilizantes!
Día de calma gracia,
El monte Fuji velado
En tenue llovizna.
Torpe ya el ojo
del Halcón al ocaso
Gorjean las codornices.
En el dia de año nuevo
tan solo
como un atardecer de otoño.
Pa ra el hombre que se dice
cansado de su hijo
no hay flores.
Cansado y maltrecho
buscando posada
¡Glisinas en flor!.
Mariposas que nunca serán
llevados por el viento otoñal
los tristes gusanos de la mostaza.
A la luz de la luna
había flores
y solo era un campo de algodon.
Un cuco llama
y entre los densos bambúes
veo la luna.
Observando los botes de pesca con cormoranes
en un tiempo
me llene de aflicción.
En la nasa del pulpo
un efimero sueño
bajo la luna estival.
El mar, bravío
y hasta la isla de Sado
El rio del cielo.
La dulce noche primaveral
contemplando los cerezos en flor
ha llegado a su fin.
Sueño a caballo,
la luna lejana en un sueño persevera,
vapor del té en ebullición.
Zashiki del verano.
Hacer un movimiento y entran
la montaña y el jardín.
*zashiki: un sitio estilo japonés cubierto con tatamis y se abre en el jardín.
¡Qué suerte!
El valle meridional
hace la nieve fragante.
Un viento del otoño
más blanco
que las rocas en la montaña rocosa.
De todas las direcciones
los vientos traen los pétalos de la cereza
en el lago del cisne.
Incluso un verraco salvaje
con el resto de las cosas
sopló en esta tormenta.
Las luces de la aurora.
La tierra mística.
Flores del alforfón.
Trébol de Buda en ondas de la flor
sin derramarse
una gota del rocío.
A una amapola
deja sus alas una mariposa
como recuerdo.
Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.
Un viejo estanque;
se zambulle una rana
ruido de agua.
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