YAMA


* Nace Yama

Yama, nace en el verano del 2007, supongo, porque hacia calor. Como todo nacimiento fue violento. El choque de dos placas tectónicas me parieron, una era japonesa y la otra dormía en mi cerebro.

En verano uno se enamora y yo no iba a ser diferente, me enamoré de 17 silabas, por casualidad, porque las cosas ocurren siempre por casualidad, ese día leí algo de Buson. Surgió el flechazo ante tres míseros renglones y me enamoré de lo mucho que me decían con tan poco.

Desde hace mucho tiempo reivindico para mi el esnobismo de no soportar la poesía, supongo que me cansa la (occidental) retórica sin sentido que encuentro en muchos de los frustrantes intentos por acercarme a ella. La rima siempre me pareció falsa, la musicalidad un artificio y mis ojitos están dirigidos a la narrativa, pero pocas son las novelas que me atraparon, supongo que por falta de paciencia, los relatos largos me aburrían o simplemente me perdía, y me fui acercando al cuento y cada vez más breve comencé a practicar los hiperbreves y me sentí cómodo.

Cuando de pronto, el flechazo, no se cuanto durara pero comencé a devorar todo lo que tenga 17 silabas e intento crear. He empezado a leer cosas que voy encontrando en la red y hay de todo, cosas que por ser breves y sin sentido le llaman jaikus, hasta reglas estrictísimas de viejos maestros. Así que a estudiar y practicar y arrastrando la duda: ser ortodoxo o romper.

Muchas reglas que cumplir para un viejo occidental, en principio me atenazan pero también me centran. Resolví no ser ni lo uno ni lo otro simplemente percibir, meditar y transmitir y seré lo que salga. Si con los tres versos muevo a alguien, se sonríe, se incomoda, llora o se conmueve; ya está.

Ya he trascendido, que al fin al cabo para eso estamos aquí. Y todo lo demás es cuento o poesía. Estoy enamorado de los haikus o jaikus (supongo que uno es ingles y otro español) y pienso seguir practicándolos, no por moda sino porque he descubierto en ellos la practica Zen que ya conocía pero que no sabia que la sabia.

Quizás en el fondo lo que me atrae no sea la poesía en si, sino la disciplina a la que obliga su práctica, siento que crezco con calma, que estoy vivo y me satisface en plenitud.

Los resultados acaso no sean tan buenos como quisiera (muchos años de occidental) pero espero que con el tiempo mejoren.

Y así nació Yama (la montaña) firmeza y quietud (eppur si muove) al servicio de los demás.

mota de polvo

sin tela en los ojos

es la montaña

Yama

monjardin-1.jpg


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